miércoles, 7 de noviembre de 2012

CARTA A UN PACIENTE, CLIENTE, AMIGO

Nieves M.Hidalgo











En esta tarde de lluvia, a la luz del flexo y al amparo de una humeante taza de té, me viene a la mente la imagen de un chico de 25 años, muy serio y formal, que un día del mes de mayo de 1994 habiendo tropezado con un tomo de las páginas amarillas de Murcia  tuvo la osadía de marcar un número de teléfono. Allí, al otro lado de la línea, estaba yo.

Para mí fue un honor y una sorpresa tras otra, poder conocerle. No recuerdo el aroma de su colonia, si el de su inteligencia, el de su bondad natural, el de su exquisita educación, el de su saber estar. En cada encuentro compartíamos anécdotas, impresiones, sentimientos, historias de vida. Atravesamos mares y océanos, tempestades que no parecían tener fin, pero siempre conseguíamos la llegada de la calma y de algún rayo de sol que nos iluminaba para poder elegir el sendero por el que continuar avanzando.

Cuando conocí a Julián, por su mente, atravesada por autopistas, radiales y carreteras, circulaban trailers repletos de preocupaciones. Su carácter venía marcado por un exceso de seriedad. Sin embargo, su tenacidad, su constancia, su coherencia y su gran capacidad de lucha han facilitado que Julián cumpla con sus objetivos, liberándose del pesimismo, de la anticipación de la angustia y logrando que sus sueños se hagan realidad.

Julián tiene mucha suerte por ser como es,  por poseer un intelecto brillante, un corazón de oro, una integridad moral arrolladora y una enorme capacidad de trabajo y de entrega.
También admiro en él que es un hombre sensible, emotivo, de lágrima fácil, tanto en los momentos de amplia carcajada, como en los de infelicidad o plenamente sentimentales. Sabe disfrutar de la sonrisa de un niño, del suave celeste del cielo, de la lectura de un buen libro, de la compañía del otro…
Siempre ha tenido un momento para escucharme, para revisar los borradores de mis cuentos o mis artículos de investigación, incluso para aconsejarme en situaciones de difícil travesía.
Ha gustado de compartir conmigo y con los míos (Juan José, Joaquín, Beatriz y Alba) algunos de los momentos más felices de su vida, como el del día de su boda, una de las más bonitas, divertidas y especiales que recuerdo. 

Ya sé que he mencionado su capacidad de trabajo y de entrega pero quiero hacer hincapié en este aspecto de su persona, pues quiero que quede patente que si bien, Julián sabe utilizar y utiliza de forma extraordinaria dicha capacidad en el ámbito de sus proyectos personales (laborales y familiares), también sabe aplicarla y la aplica en los proyectos de sus allegados.
Julián es un ser HUMANO, en mayúsculas, sí, porque es de las pocas personas –y conozco unas cuantas- que realmente se interesan y se implican en lo que dicen los otros. Cuando le hablas de un tema importante para ti, te sientes escuchada de una manera auténtica. Julián ha alcanzado el doctorado cum laude en Comunicación.
Son tantos los recuerdos divertidos… Julián posee un gran sentido del humor. Con él te puedes reír a mandíbula batiente y no parar hasta agotarte.
Tampoco olvido cuando me regaló aquel cuadro dibujado por él mismo y que simbolizaba tantos anhelos conseguidos, la confianza recuperada…
Cuando regresó a España y nos visitó con su primera hija, tan bonita...

Son muchos los recuerdos, las emociones….

Siempre le llevaré en el corazón…

Tu amiga, Nieves.











           



2 comentarios:

  1. soy fran perez, me hubiese gustado conocer a julian, gran persona.

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  2. Hola Fran!! quizás un día puedas llegar a conocerlo!!
    Un abrazo

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