miércoles, 16 de enero de 2013

ESCUELA DE PADRES. EL NIÑO QUE NO OBEDECE



Orientaciones para establecer
una relación constructiva con:








                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                       
                                                                              1. EL NIÑO QUE NO OBEDECE

Cuando un niño no quiere seguir las órdenes que se le dan, se crea una situación que genera bastante frustración. Al finalizar el día, los padres se encuentran exhaustos de repetir, discutir, consentir o regañar. Un primer aspecto a tener en cuenta es que ha de darse un número de órdenes racional, puesto que el niño no ha de convertirse en el botones de la casa. La segunda cosa que se ha de recordar es que hay que ser amable y razonable en el tono y en lo que se solicita.
A menudo los niños caen en la costumbre de ignorar las órdenes porque saben que estás se repetirán varias veces antes de que tenga que responder. Han aprendido el tiempo exacto que tardan sus padres en enfadarse lo suficiente como para obligarlos a obedecer. También saben cuándo los padres probablemente desistirán y harán por sí mismos la tarea que les había sido ordenada. Unas veces, la falta de respuesta es pura rebeldía y otras se produce porque se pide demasiado y no se expresa con la suficiente claridad.
Si su hijo comprende las órdenes pero obedece raramente, intente estas soluciones que se han demostrado eficaces.

Ser claro y conciso
Los padres suelen estar tan ocupados dando órdenes que no se dan cuenta de que dan muchas cosas por sentadas. Es posible que tu hijo no sepa lo que significa <<limpia tu habitación>>. Su concepto de habitación limpia puede no coincidir con los que sus padres esperan. Otras veces sucede que los padres dan varias órdenes a la vez y el niño es incapaz de recordarlas todas.

§  Los padres deben definir lo que quieren con palabras sencillas y comprensibles.
§      Limite el número de demandas. Cuando haya cumplido una, añada más si es necesario. Si los padres quieren que el niño limpie su habitación, por ejemplo, dígale cómo hacerlo paso a paso: <<Recoge los juguetes, guárdalos. Cuelga tu ropa>>. Más adelante, cuando el niño conoce ya el quehacer, hará falta tan sólo: <<Por favor, ve y limpia tu habitación>>.
§    Pensar antes de hablar. Se pueden decir las cosas siendo firme pero no autoritario, ni agresivo.

Obtener la atención del niño
A menudo los niños están tan sumergidos en sus actividades que, en realidad, no oyen lo que se les dice. Para evitarlo, los padres deben asegurarse de que el niño lo ha escuchado y conviene mirarle a los ojos mientras le habla y si es necesario apague la televisión. Pídale que repita las órdenes y, después, que interprete lo que significa. Esta táctica es de utilidad sobre todo si el niño tiene poca capacidad de atención y se distrae fácilmente.

Pensar lo que se dice y decir lo que se piensa
Los padres están siempre ocupados y, a veces, cuando piden al niño que haga una tarea, dan por sentado que éste la hará y, por lo tanto, se olvidan de ella. Aunque no siempre es así, es importante asegurarse de que cada vez que se dan órdenes, éstas se cumplen y así el niño no adoptará el comportamiento de ignorar a los padres. Por otra parte, se ha de evitar pedir cosas innecesarias al niño.

Convertirlo en un juego
La mayoría de órdenes no requieren mucho tiempo para ser llevadas a cabo, a veces menos del que se pierde discutiendo acerca de las mismas. Si se empieza pidiendo al niño que ayude mientras aún es muy pequeño, éste considerará estos quehaceres como una cosa normal de su vida cotidiana. Más tarde, se pueden hacer juegos en el momento apropiado, como decir: << ¿Cuánto tiempo crees que tardarás en hacerte la cama? Preparados, listos, ¡ya! Fantástico, sólo has tardado cuatro minutos. Eres un ayudante muy rápido. Ahora puedes irte a jugar>>. De este modo se enseña a un niño de manera positiva que ayudar no quita mucho tiempo.

Supervisar
La mejor manera de asegurarse de que el niño cumple las órdenes correctamente es supervisarle mientras el niño hace la tarea. El objetivo no es encontrar defectos, sólo comprobar que el cometido se ha llevado a cabo y felicitarle por ello.

Elogiar, elogiar, elogiar
Creemos firmemente que la clave para alentar al niño a seguir las órdenes de forma eficaz es ser positivo: se ha de actuar esperando que el niño obedezca y cuando lo haya hecho, dar una respuesta positiva. <<Gracias por darme las gafas. Te lo agradezco mucho. >> <<Hiciste un trabajo perfecto limpiando tu habitación. >> <<Has guardado todos tus juguetes y libros y has limpiado el armario. Lo has hecho muy bien>>

La falta de respuesta ha de tener consecuencias
Si los padres han intentado métodos positivos y han sido ignorados, o bien si su hijo responde con un poco cooperativo <<¿Por qué he de hacerlo?>>, la situación ha llegado a un punto en el que han de aplicar consecuencias negativas para cambiar el modelo.

§  Utilizar un tiempo de respuesta de cinco segundos. Si el niño ya ha ignorado previamente las órdenes paternas, se ha de introducir un tiempo límite para que responda. Cuente hasta cinco. Si el niño no ha contestado y empieza a responder en el momento en que se ha terminado de contar, repita la orden de nuevo. Después dé al niño a escoger entre dos alternativas. Por ejemplo <<Juan, debes hacer lo que te he pedido, o bien yo te ayudaré a hacerlo>> o <<Debes limpiar ahora, Julia, o perderte tu serie de tv favorita y limpiar después>>

§  Guiarlo con la mano. Si escoge esta alternativa, repita las órdenes al final del periodo de cinco segundos y después <<conduzca>> al niño hacia la respuesta adecuada. Es decir, se coge de la mano al niño y se le pone en acción.

§    Uilizar el tiempo fuera de juego o en el rincón. Durante un rato se puede utilizar el tiempo fuera de juego. Después, haga usted que el niño lleve a cabo lo que se le había pedido.



Mutismo Electivo en Adolescentes
Nieves M.Hidalgo















El silencio es la forma que adopta el niño o adolescente para expresar su hostilidad. El silencio se utiliza como un arma y se produce generalmente en el ámbito intrafamiliar. Sin embargo, son muchos los padres que no consultan por el mutismo sino por otros problemas de conducta que suelen ir asociados a él. Las causas hay que buscarlas en una historia familiar desequilibrada, separaciones o trastornos de la relación madre o padre/hijo, difíciles relaciones con los hermanos o cualquier tipo de perturbación familiar o sexual. Son cuadros no siempre valorados, que muchas veces pasan desapercibidos en sus formas menos acusadas y posiblemente son más frecuentes de lo que se estima. Un ejemplo muy claro de mutismo electivo podemos verlo en la película "Pequeña Miss Sunshine" de Jonathan Dayton y Valerie Faris (2006). En dicho film, que trata sobre el viaje de los Hoover, una familia conflictiva y peculiar, aparece el personaje de un adolescente inmerso en el nihilismo y el silencio. Dwayne, así se llama el adolescente, es un muchacho americano que está intentando entender quién es y cuales son sus prioridades. Le desagrada profundamente su familia y hace voto de silencio para demostrar que no comparte su manera de vivir y pensar con ellos. En esta película, el protagonista elige el mutismo como muestra de rebeldía, pero hay casos en los que el adolescente o preadolescente decide callarse porque no se atreve a hablar de lo que le está ocurriendo o le ha ocurrido ya: vivencias traumáticas y estresantes que generan este bloqueo que podemos interpretar como un mecanismo de defensa ante una situación difícil de afrontar o superar.