miércoles, 31 de diciembre de 2014

SOBRE LA RESPONSABILIDAD

sobre la responsabilidad de la existencia
Dr.Juan José Regadera en un momento de su intervención
Dr.Juan José Regadera
Psicólogo Clínico 
Psicoterapeuta















La Fundación Cattell Psicólogos les agradece su asistencia a este Primer Seminario con el que inauguramos la temporada de invierno y que bajo el lema: “En la luna también hay hierba” mitiga, poéticamente, el célebre dicho vienés “la situación es desesperada pero no grave” que una vez más cobra eco en la comunidad internacional contemporánea de nuestros días. 

“En la luna también hay hierba” nos habla de una espléndida mañana en la que al separarnos del mar vemos el camino donde la hierba no es verde, y aún así, sigue siendo divertida y bonita. 

Con esta invitación a soñar, daremos paso a la realización creativa como motor de crecimiento existencial, “personalización progresiva” de una biografía, la de cada uno de ustedes, que, para hacerse, necesita ser inventada. Una historia que en sí no tiene sentido, si acaso el “sentido se hace al andar”, y por ello, uno se compromete. 

Cuatro son las preocupaciones esenciales del ser humano: la muerte, la libertad, la soledad y la carencia de sentido vital.

Centraremos el tema de nuestra conferencia en la libertad individual para crear la propia vida, o dicho en otros términos, en la Responsabilidad y en la Voluntad como horizonte terapéutico que nos ayudará a hacernos cargo de “ser lo que queremos ser”, y en la libertad que tenemos para desear, elegir, actuar y, en definitiva, para cambiar. 

Sin embargo, estos dos existenciales (Responsabilidad y Voluntad) son sólo una parte de la realidad humana en la que debe entrar la Conciencia como formula antropológica fundamental en la que ser persona equivale a ser consciente-voluntarioso-y-responsable lo cual, constituye una categoría superior que integra la totalidad del ser humano. 

Aunque debe hablarse de Responsabilidad, Voluntad y Consciencia como estructura indivisible dentro del marco de la libertad, sin embargo, para una mayor claridad y porque en los distintos cuadros psicológicos se acentúa la alteración de uno de ellos, hablaremos por separado de la Responsabilidad, dejando para próximas conferencias el tema de la Voluntad, y por ende, de la Consciencia. 

La Responsabilidad a la que aquí aludimos, como concepto filosófico correlativo al de libertad, no está relacionada con la responsabilidad moral, la responsabilidad política, la responsabilidad jurídica, o la responsabilidad de los educadores o educandos. De aquí, que no tenga sentido formular preguntas del tipo: 

¿Quién es responsable de un hecho o acción?, ¿Hasta dónde llega la responsabilidad de los actores de una situación?, ¿Ante quién se es responsable? o ¿A qué sanciones debe enfrentarse la o las personas responsables? Para nuestros propósitos, comenzaremos con una pregunta fundamental: 

¿Soy lo que quiero ser?

Si me lo permiten, comenzaré con un sencillo ejemplo recogido de mi biografía pasada y reciente, y que condicionó mis valores personales y la responsabilidad de cómo asumir mi vida. 'De chiquillo soñaba con ser poeta. Durante tres años escribí, sólo para demostrarme que no tenía dotes para tan genuina hazaña. Así que renuncié. De mayor anhelaba ser investigador. Durante ocho años estudié y me doctoré con el coraje de redactar con estilo poético la investigación realizada. Como pueden apreciar, de entre todas las posibilidades con las que cuenta un doctorando para redactar el trabajo de tesis doctoral, elegí la más inverosímil, la poética, y más teniendo en cuenta que se trataba de un trabajo científico cuasi-experimental. En aquel momento, fui el que quise ser, y que no fui; arriesgué y no perecí. 

Analicemos por un momento lo anterior: 
  • Frente al evasivo “no puedo” de mi etapa juvenil, opté por el “si quiero” de la madurez. Enfrentarme, una vez más, poéticamente con el auténtico destino, ser consciente de ello, no fue tarea fácil. Pude refugiarme en lo inauténtico, buscar la seguridad en los otros, pidiéndole, por ejemplo, consejo al director de mi tesis, eludiendo así mi responsabilidad de decidir cómo la quería yo escribir. Sin embargo, tomé mi decisión y asumí el riesgo de que lo miembros del tribunal la pudieran rechazar. 
  • Frente al miedo al ridículo, opté por la confrontación. 
  • Frente a la renuncia a mis deseos, opté por el “aquí y ahora” del instante vivido, llenándolo de sentido sin esperar a un incierto mañana. 
Todos, en algún momento, necesitamos reflexionar sobre quiénes somos movidos por la ilusión de ser quien se es. Mas, no todos contamos con el coraje de asumir el compromiso y la responsabilidad de encontrar una misión, un propósito a nuestra vida. 

Formularemos una nueva pregunta: 

¿Qué posturas impiden la toma de responsabilidad, y qué actuaciones debemos seguir para corregirlas?

1. Frente al evasivo “no puedo” sugerimos la fórmula del “no quiero” como modo de hacernos cargo y confrontar con ello la situación. De este modo, en lugar de devolverle al otro el problema, éste queda concentrado y enfrentado en el “aquí y el ahora” de la situación. En este sentido se diría: “no es que no puedas, es que no quieres”.
2. Frente al “ya veremos”, un modo de asumir una mayor responsabilidad podría consistir en elaborar un “contrato personal” que implique ciertos actos a llevar a cabo y la asunción de sus consecuencias.
3. No es lo mismo decir “tuve una día muy agitado” que (asumir) “me mantengo muy ocupado”, o “es una larga conversación” que (reconocer) “yo hablo mucho”. Como pueden ver, estas fórmulas implican la aceptación de responsabilidad de aquello que se hace. El crecimiento de uno mismo y la integración en el mundo de los otros, empezaría por la aceptación de lo que uno es (y hace).
4. No es lo mismo decir “Yo asumo la responsabilidad”, que decir, “no sé”, “no me he dado cuenta”, “no sé qué decir”. Este modo de expresión podría ser cambiado por una afirmación previa referente a algo de uno mismo. “Ahora no sé qué decir… y asumo la responsabilidad de esto”, “no sé, en este momento, cómo podré ayudarte…pero cuenta conmigo”.
5. No es lo mismo asumir una actitud activa frente a un problema, aunque esto sólo implique la visualización mental o la búsqueda de información, que no hacer nada. Lo importante es crear las condiciones que nos lleven a enfrentarnos a una elección o decisión. Nos puede gustar o no, pero la responsabilidad surge ante la inescapatoria de la libertad que tenemos para decir “no puedo”.
6. No es lo mismo, ser lo creadores de nuestra decisión, que permitir que nos estructuren la ayuda, aunque ésta se nos ofrezca de forma activa, vigorosa y ordenada.
7. No es lo mismo permitir que nos traten con seriedad y madurez, que preferir que nos traten con permisividad y no se nos confronte con nada decisivo. 


Sartre, Kafka, Yalom, Frankl, autores imprescindibles
Libros de cabecera para un buen terapeuta

Comentamos en el inicio de esta intervención, que en algún momento de nuestra vida “caemos en la cuenta” de que una de las características fundamentales de la existencia, es que la vida hay que hacerla (desarrollarla, vivirla) con riesgo. Y esto lo descubrimos por el temor a equivocarnos. De aquí, la falta de decisión. 
Si la situación en la que la vida nos coloca, forzándonos a elegir entre lo que debemos o deseamos hacer, no fuese permanente, vivir nos parecería espeluznante, ya que la propia vida carecería de sentido. Porque conocemos el riesgo de preferir no tomar decisiones, el temor de no querer arriesgarnos, pero la vida nos empuja y nos puede hacer caer, y caer hasta fondo. El fondo es la desesperación. 

Realicemos una nueva reflexión para los más esperanzadores: 

Recientemente escribí para mi hija Alba un poema titulado:“Una esplendida mañana en la que en la luna también hay hierba”. Tras su lectura respondió: “¡papa, es imposible¡ ¿cómo podemos ver la luna por la mañana?”
Días más tarde, encontrándome en terapia de grupo recordé y conté la anécdota compartida con mi hija, y una de las participantes en la terapia se apresuró diciendo: “¡Bueno, eso no es totalmente cierto, a veces, también podemos ver la luna por la mañana!” 
Ambas afirmaciones son ciertas. Mas lo importante, no es reparar en la conjetura o refutación de que en “una espléndida mañana podamos ver la luna”, lo que verdaderamente importa a nuestros propósitos es que sí para vivir necesitamos inventar la vida, la cuestión no versará en torno a si utilizamos la lógica de lo posible o de lo imposible, sino, más bien, si elegimos soñar, para crear nuestra realidad personal, o no soñar, copiando modelos preestablecidos del entorno social.

El poema continua diciendo: “Sepárate del mar y muéstrame el camino donde la hierba no es verde”
A veces, caemos “en un mar de dudas” por el temor a decidir sobre qué es nuestra vida y lo que debería ser. Es entonces cuando al “separarnos del mar” vemos la hierba del camino sin importarnos su color, porque, “aún así, sigue siendo divertido y bonito”.
La existencia humana es proyecto, es decir, la realización de una tarea de algo que no está hecho y se va realizando al existir. Y en esta condición itinerante que es la vida de cada uno de nosotros –recordemos el “se hace camino al andar” de Machado- dos cuestiones pueden destacarse: que si aspiro a sentirme libre, tendré que serlo con responsabilidad y fortaleza, y si he de seguir mi propia vocación tendré que realizarla con mis valores personales y, aún no encontrando verde el camino, habrá sido divertido y bonito porque he soñado que “en la luna también hay hierba”.
Existe un modo responsable y positivo de enfrentarse a la decepción de no encontrar verde el camino: la calma. Esa calma que llega tras la tempestad cuando los vientos dejan de soplar, y “la luna reverdece”. De igual modo que una decisión nace y otra perece, la vida siempre resurge allí donde es auténtica. 
Pero conocemos lo difícil de esta elección, la de crear una verdadera vida personal. Al temor a la decisión, que ya hemos comentado, hay que añadir una dificultad más, y que abordaremos en un próximo seminario, el temor a la soledad.
Ortega señaló, y ya lo hemos sugerido, que para vivir recurrimos a fantasear otras vidas, las de los demás, pero que no se trata de una fantasía creadora, sino que es puramente reproductiva, esto es, hacer lo que hacen los demás. Este reproducir las vidas de los demás, puede atenuar la sensación de soledad y la falta de fundamentos que subyace en buena parte de nuestras conductas, como por ejemplo, la falta de sentido, pero no nos favorece para madurar, fortalecernos o crear algo bello, propio y auténtico. 


Dr.Juan José Regadera respondiendo
a las preguntas de los asistentes

Veamos un nuevo ejemplo que deja constancia de las ignotas y sobrecogedoras instancias burocráticas que, de forma absurda, atrapan a la persona llevándola a un extremo de angustiosa responsabilidad y sentimiento de soledad: 

Cuando ya tenía los treinta años cumplidos, un funcionario del Ministerio de Justicia llamó a la puerta de la Clínica Cattell Psicólogos, haciéndome entrega de un dosier de 200 páginas. Durante ocho años, mi vida se mantuvo en la inmovilidad del espacio infinito tomada por el color del absurdo, que, coartando mi libertad e impidiéndome avanzar, dejó mi existencia relegada a la de un personaje Kafkiano morador de un “Castillo” caracterizado por la incomunicación de los guardianes y el fracaso de mi libertad personal. ¿Por qué era responsable de aquel “Proceso” judicial si ignoraba su existencia? Aquel día descubrí que siempre, aún por omisión, puedo ser autor de “algo”, y que en definitiva, “todos, de un modo u otro, somos responsables de algo”. Sartre en su obra La naúsea, describe ese momento de iluminación que es el descubrimiento de la responsabilidad ante algo que no podemos ver –cito textualmente-: 

“La raíz del castaño se hundía en la tierra, justo debajo del banco donde me hallaba sentado. Pero yo no recordaba que era una raíz... Estaba sentado, un poco encorvado, la cabeza gacha, solo frente a aquella masa negra, enmarañada y enteramente primitiva que me producía miedo. Fue entonces cuando tuve esa revelación. 
Me dejó sin aliento. Anteriormente, jamás había presentido lo que quería decir existir. Era como los demás, como aquéllos que se pasean a la orilla del mar con sus trajes de primavera. Decía, como ellos, el mar es verde, aquel punto blanco que se divisa allá es una gaviota; pero no sentía que aquello tuviese una existencia, que la gaviota fuese una gaviota existente.
...Y, de golpe, estaba allí, clara como el día: la existencia se me había revelado de improviso. Había perdido su apariencia inofensiva de categoría abstracta; era la materia misma de las cosas. Aquella raíz amasaba existencia..."

La raíz de una de las enredaderas plantada en las jardineras del edificio donde trabajo, me hizo experimentar la invisibilidad de la responsabilidad que, como laberinto geométrico, envolvió largos años de mi vida y su sentido. Aquella raíz, causante de roturas y destrozos millonarios en los equipos informáticos de la multinacional Telefónica, llegó a estremecerme. Y ustedes me preguntarán: ¿Cómo lo vivió? ¿Con pesimismo?. De ninguna manera - Respondería yo.
¿Qué sintió? ¿Cobardía?. En absoluto - Les diría yo.
Viví y sentí la geometría del espacio sin auténtica presencia humana. El edificio se había deshumanizado. El combate de esgrima entre el ejercicio de mi libertad (responsabilidad versus irresponsabilidad) y la soledad de enfrentarme con mi auténtico destino, que no era otro que madurar, proclamaba la victoria de esta última sobre la precaria condición humana de adolescente emprendedor. La “Muralla china”, representada por las terrazas del edificio en el que trabajo y habito, era mi responsabilidad. Se es responsable de ser pesimista, al igual, que se es responsable de la cobardía. Yo fui responsable de mi incomunicación, de mi silencio y de mi falta de interés. La jardinera del inmueble sólo adquiere significado por la forma en que los seres humanos organizamos y estructuramos nuestro mundo. “Yo estaba ahí (trabajando en un espacio compartido con una comunidad de propietarios), “pero también formo parte de lo que está ahí” (las raíces de las enredaderas y arbustos de las jardineras de las terrazas). Por lo tanto, ¿de qué fui responsable? 
Las raíces que horadan las jardineras forman un único mundo, con existencia y vida propia, aunque no las veamos. Y esto es lo que queremos resaltar, que para vivir tenemos que anticipar, pues, en algunos casos, la vida sólo nos muestra la punta del iceberg. Fui responsable de las consecuencias de un pésimo mantenimiento del jardín que pertenecía al vecino contiguo. Mi incomunicación e ignorancia no exoneraba la omisión de mis actos.

¿Cómo nos protegemos de la ausencia de responsabilidad?

1. Buscando alivio: Una manera de aliviarnos es evitando situaciones, por ejemplo, no tomando decisiones, o siendo dependientes. De esta forma buscamos una autoridad, algo mágico, algo más poderoso que nosotros mismos. Eric Fromm en su obra El miedo a la libertad, nos habla de que es preferible la existencia de un tirano a no tener ningún dirigente. 

2. Preguntando qué es lo que tenemos que hacer: Yalom en su libro “Psicoterapia Existencial”, describe la siguiente anécdota:
“Un amigo cuando viajaba al sur de California se detuvo en uno de esos restaurantes donde sirven comida rápida para los viajeros. Junto con la hamburguesa que había pedido, le llevaron una bolsita de plástico con salsa de tomate. Ustedes saben que en otros lugares, estas bolsitas tienen una línea punteada y una inscripción que dice ‘abra por aquí’; pero en las bolsitas de California la línea punteada no aparece, sólo un simple ‘abra por donde quiera’.”

3. “Poniéndonos en manos de otra persona”. Algo parecido sucede en consulta cuando la persona que solicita ayuda nos dice: “estoy en sus manos”. Creemos tener el control de la situación cuando en realidad son personas con un exceso de libertad que no saben cómo manejarse con ella. Personas que acuden con quejas vagas y poco definidas, personas que no consiguen describir adecuadamente lo que les sucede. Cuando expresan los temas que les preocupan advertimos una falta de preparación para decidir, la presencia de una dificultad para elegir de entre todas las posibles alternativas y la angustia que esta falta de decisión les ocasiona. En realidad, ellos mismos “están en sus propias manos”. 

¿Cómo nos protegemos del exceso de Libertad?

Utilizamos distintos medios para protegernos contra el exceso de libertad. A modo de ejemplo citaremos los siguientes: 

1. En el drama de las neurosis: 
Como consecuencia de nuestra apertura a la vida, “obligados” a llevar a cabo múltiples tareas que experimentamos, la mayor parte de las veces, entre tensiones y fuerzas contradictorias, movidos por la falta de sentido, sin encontrar modo alguno de salir del círculo vicioso en el que hemos caído, angustiados por no querer arriesgarnos y el temor que nos produce la responsabilidad de nuestras actuaciones. 

2. En los cuadros obsesivos-compulsivos: 
Como forma de huir hacia delante a través de una acción repetitiva y sin sentido; o en la obsesión rumiante, donde evitamos elegir, decidir y, por lo tanto, responsabilizarnos, ya que sentimos que nuestra vida está sin control y fuera de nuestro alcance.

3. En las conductas de desplazamiento:
Como por ejemplo, “dar razones” para justificarse.

4. En la negación o la pasividad:
Por ejemplo, adoptando el papel de “víctima inocente” a través del “no lo sabía”, “no me he dado cuenta”, o del “no sé”.

5. A través de una pérdida de control:
Argumentando sentirse temporalmente “con la mente alterada”. Esto lo observamos cuando damos con situaciones en las que la persona entra en un estado temporal de irracionalidad, durante el cual actúa de forma irresponsable, porque cree que no tiene que dar cuenta de su conducta, ni siquiera ante ella misma.

6. Adoptando un papel dependiente:
En este caso, aún sabiendo qué hacer para mejorar, no se dan los pasos necesarios para el cambio. Es natural que anhelemos ser independientes, pero retrocedemos ante una de las consecuencias inevitables de serlo, que es el sentimiento de soledad. 

7. Experimentando quejas somáticas:
Que deben ser interpretadas como recurso para justificarse ante sí y los demás. Evitando tomar conciencia de temores y fracasos existenciales, uno puede refugiarse en la enfermedad, en vivirse como enfermo.

¿Cómo asumir la responsabilidad? 

1. Adoptando un cambio de actitud: 
Para asumir la responsabilidad, lo primero que tenemos que hacer es adoptar una actitud sobre la cual descansarán las posiciones que asumiremos ante la vida. El objetivo fundamental será facilitar el hecho de poder afrontar la responsabilidad de encontrar una misión, un propósito o un proyecto personal. La buena disposición para aceptar la responsabilidad varía considerablemente de una persona a otra, generalmente suele ser una tarea difícil, pero una vez que se asume la responsabilidad, el cambio suele ser casi automático y sin ningún esfuerzo. 

2. Otra forma de asumir la responsabilidad consiste en preguntarnos sobre cuál es el papel que desempeñamos en nuestro propio dilema: 
Es necesario aclarar, que no es la mala suerte, ni la casualidad, ni los genes defectuosos, lo que nos provoca la soledad, la angustia, sentirnos maltratados o desesperados. Necesitamos descubrir qué papel desempeñamos en nuestro propio dilema y encontrar el modo de comunicar ese conocimiento profundo de uno mismo. Mientras no comprendamos que somos nosotros mismos los que creamos nuestro propio malestar careceremos de motivaciones para cambiar. 

3. Asumimos también la responsabilidad, preguntándonos sí merece la pena cambiar: 
Mientras sigamos pensando que el malestar lo está causando otra persona, un trabajo inadecuado o cualquier otra causa externa, ¿para qué gastar energía tratando de cambiar?. En estos casos la mejor estrategia es pasar a la acción, cambiando el ambiente, en la medida de nuestras posibilidades.

4. Y, por último, preguntándonos qué hemos hecho para crear esta situación: 
Ya que la conciencia de la responsabilidad no es uniforme: algunas personas pueden aceptarla en algunos terrenos y negarla en otros.Un modo positivo de enfrentarnos a nuestras propias quejas sería preguntándonos:¿Qué he hecho para crearla? No es igual considerar nuestra vida como una realidad inalterada o inalterable que verla como una tela de araña tejida por nosotros mismos y susceptible de volver a tejerse de múltiples maneras.


vida y responsabilidad
Tejiendo la propia vida

¿Qué situaciones dificultan la asunción de la responsabilidad?

Somos conscientes de que “muchas cosas no pueden cambiarse”, tenemos que ganarnos la vida, ser padres, madres, e incluso hijos, responder a las obligaciones morales ya contraídas. También existen limitaciones: un parapléjico no es libre para caminar; un hombre pobre no puede retirarse; una viuda mayor no podrá, tal vez, casarse, y así sucesivamente. Esta objeción –fundamental para el concepto de la libertad- es tan importante que merecería un seminario aparte.

¿Qué nos aporta el “aquí y el ahora” para asumir mejor la responsabilidad?

Todos intentamos vivir nuestro propio ser del modo más auténtico posible. Siendo realistas, es necesario algo más que buenas palabras para estimular la autenticidad, para conseguir que las personas cambien. Analizar el “aquí y ahora” de una determinada situación puede ayudarnos para ver que un problema que estemos viviendo en miniatura, dentro del marco de la psicoterapia en consulta, también podemos presentarlo fuera de dicho marco, en la vida misma. En esos momentos fortalecemos la conciencia de la responsabilidad. La eficacia de tratar el “aquí y ahora” será mayor cuando seleccionamos un incidente que guarda relación o semejanza con el problema que nos empujó a pedir ayuda. El terapeuta debe guiarse por incidentes concretos que considere importantes para la situación que esté tratando y perseverar tenazmente hasta sacarle el máximo provecho. Si aún a pesar de insistir en ese punto, no se acepta la interpretación, sería recomendable repetirla en el futuro cuando ocurran otros hechos que corroboren el descubrimiento que consideramos haber encontrado, e incluso esperar a tratarlo cuando la relación terapéutica sea más sólida y estable.

¿Es pertinente preguntar qué es lo que debo hacer?

En innumerables ocasiones nos encontramos con frases del tipo: “no sé qué debo hacer”, o “si supiera qué debo hacer, no estaría aquí”, o “por eso vengo a verle”, o “dígame qué debo hacer”, o “¿qué camino debo seguir?”, en estos casos la persona aparenta estar desamparada, y aunque insiste en su incapacidad para afrontar la situación, en realidad ha recibido numerosas indicaciones explícitas o implícitas por parte de aquellos que le rodean, e incluso del propio terapeuta, y aún así, sigue evitando asumir la responsabilidad del cambio. Es importante subrayar aquí que la súplica “¡dígame lo que tengo que hacer!”, es una declaración de negación de aceptación de la responsabilidad.

¿Qué diferencia hay entre preguntar ¿por qué? a preguntarnos ¿por qué no?

A veces, puede venir bien sugerir una acción concreta, que uno, quizás nunca ha considerado por sus propias autolimitaciones. En estos casos, es más útil preguntarse uno mismo: ¿Por qué no lo voy a hacer?, que preguntar ¿Por qué debo hacerlo?

Lo importante, no es que nos ofrezcan una razón de por qué debo seguir o no la orientación sugerida, sino de que seamos conscientes de que contamos con distintas opciones a considerar que pueden ser válidas, eficaces y resolutivas. Lo relevante del ¿por qué? ante la sugerencia sobre una conducta determinada, radica en el reconocimiento de la evitación de la responsabilidad. Mientras se evite, empeoramos. Lo relevante del ¿por qué no? ante la sugerencia sobre una conducta determinada, radica en que nos ponemos en contacto con nosotros mismos. En este punto es cuando comienza el verdadero crecimiento e integración frente a la vida.

¿Ayuda la psicoterapia a incrementar la conciencia de la responsabilidad?

Uno de los resultados de la terapia es que uno aprende a relacionarse con intimidad, pero también descubrimos sus límites, es decir, lo que no podemos obtener de los demás, ni en la terapia ni en la vida.

¿Cuáles son los límites de la responsabilidad?

El límite de la responsabilidad estará en nuestra posición hacia una determinada situación, aquella que nos haga estancarnos o no avanzar y que puede llegar a constituir nuestra cruz. A partir de este momento es necesario un cambio de actitud. No podemos negar que el ambiente, la genética y la casualidad desempeñan un papel decisivo en la vida de la persona. Las circunstancias que nos limitan son evidentes: encontrar trabajo, encontrar pareja, impedimentos físicos, la falta de educación, la mala salud, la amargura, la ira, la depresión. Cuando todo falla, cuando las situaciones que atravesamos son difíciles o el malestar es muy elevado, todavía continuamos siendo responsables de la actitud que adoptemos. Lo importante sería identificar el nivel de resistencia ante la adversidad que uno realmente posee; por eso en terapia es necesario reconstruir el significado de aquello que no puede alterarse.

¿Afecta la culpabilidad a la responsabilidad?

El sentido de la responsabilidad no quedaría bien explicado sin referirnos a algo inesperado que aparece ante nosotros como la sombra oscura de la responsabilidad, me estoy refiriendo a la culpa. Estableceremos una distinción entre:

1. La culpa “real”, aquella que emana de una mala acción “verdadera” que va en contra de otra persona o de uno mismo. 
2. Los “sentimientos de culpa”, aquellos que emanan de una mala acción “imaginaria”. Sentimientos de un miedo impreciso, de culpabilidad sin una razón clara, de extrema reacción a la crítica, de temor a la crítica y castigo y de poca autoestima. 
3. La “culpa existencial”, aquella que emana de la “omisión”, fruto del sentimiento de lo que no hemos hecho con nuestras vidas y deberíamos haber hecho. Aquí, de nuevo, cobraría sentido la pregunta con la que hemos iniciado la conferencia: 

¿Soy lo que quiero ser? a la que podríamos añadir: o ¿Más bien soy lo que los demás esperan que sea?

Para vivir no necesitamos permisos, para avanzar sólo necesitamos caminar. Es cuestión de ponernos manos a la obra y comenzar.

Y para finalizar, una nueva pregunta:

¿Hay algo que me impida ahora ser poeta?

¿Ustedes que opinan?




Muchas gracias por su atención.

Juan José Regadera Meroño
Dtor.Seminarios de Psicología
Vicepresidente Fundación Cattell Psicólogos
#Hazloporlosdemás, #hazloporti



domingo, 28 de diciembre de 2014

CARTA DE NAVIDAD: LA RECUPERACIÓN DE LA SALUD

Recuperación, Empoderamiento y Participación Social
Mª Nieves Martínez Hidalgo
Mª Nieves Martínez Hidalgo
Psicóloga Clínica
Psicoterapeuta

















Qué mejor carta de Navidad que expresaros mis deseos de mejora, de recuperación de la salud, entendiendo la salud como concepto global, ¿Salud Mental? ¿Salud Física?¿Salud Psicosocial? Si partimos de la concepción del ser humano como unidad no se entienden estas distinciones y menos si provocan discriminación y rechazo social. Hablamos por tanto de salud y de recuperación.


La recuperación consiste en aceptar lo sucedido y continuar viviendo. Instalarte en la queja o en el victimismo no te ayudará a ser más feliz, ni a mejorar o crecer como persona. Puede que, en principio, la queja, te resulte útil como modo de expresar tu necesidad de ayuda; también puede ser eficaz para conseguir que los demás te presten atención, mas, pasado un cierto tiempo, sentirás que esas personas (amigos, pareja, familiares, compañeros de estudios o de trabajo) ya no te escuchan de la misma forma, o ni siquiera te cogen el teléfono o responden a tus mensajes de facebook o wasap... ¿Lógico? ¿Justo? ¿Humano?... Normal, puede que se hayan cansado de intentar ayudarte sin éxito.

Por tanto, si verdaderamente te quieres recuperar, quieres volver a ser quien eras, a mostrar tu verdadero yo, coge las riendas de tu vida. Ningún capitán de barco deja que otros capitanes manejen su nave... ¿De qué serviría entonces su cargo? ¿Cuáles serían sus funciones? ¿Cuáles serían sus responsabilidades? Uno puede pedir ayuda y con humildad e inteligencia abrir su mente a nuevas formas de ver e interpretar lo sucedido, a encontrar puertas o vías de salida o solución, pero esto no significa sumisión, ni adoptar una actitud pasiva o de inferioridad respecto a esa persona que te aconseja o te intenta orientar desde un sillón profesional o desde el sofá, en la casa del amigo. 

La recuperación consiste en dejar de darle vueltas a tu existencia y con la mirada al frente y el ombligo fuera, vivir y dejar vivir. Pensar que eres un "mierdecilla" o el "último mono" de tu trabajo, de tu familia o de tu grupo de amigos no te hace sentir bien, ¿Entonces por qué continuar dándole vueltas? La recuperación consiste, a veces, en asomarse a la ventana y hacer varios cortes de manga. 
El poder de cambiar reside en tu interior y por eso es tan importante que afrontes lo sucedido, que te hagas responsable de continuar con tu vida, a pesar del dolor o del trauma vivido. La recuperación pasa por el empoderamiento.



Tampoco vemos a ningún capitán abandonar su nave para manejar las de otros compañeros de viaje... Es lógico y tiene sentido, 'que cada palo sostenga su vela' y resista o gestione los envites del viento o de las tormentas, y con esto no quiero decir que no haya que cooperar, claro que hay que cooperar, pero sin abandonar tu nave, sin perder tu norte, sin descuidar tu esencia, teniendo claros los límites de quién eres y hasta dónde quieres llegar, dejando definidos los límites a los demás, hasta dónde les vas a permitir participar o intervenir o acompañar. La recuperación pasa por el empoderamiento y la participación social.



Abre la ventana, mira hacia el cielo y respira. Con calma, con amor hacia todo eso que tú eres, todo eso por lo que tanto has luchado, todo tiene sentido, el sentido que tú le has ido dando a cada paso. Ninguna vida está escrita, la tuya tampoco, coge la pluma y continúa escribiéndola tu.

Os deseo de corazón unas felices fiestas y un año nuevo pleno de vida, pleno de ilusiones y proyectos, lleno de sonrisas, de besos, de abrazos, de miradas cómplices, acompañados de pocos, pero buenos amigos, de esos que te miman y te cuidan aunque no lo pidas; un año nuevo en el que aportes tu granito de arena, en el que te hagas cargo de tu soledad y de que los demás también necesitan de ti, en el que seques algunas de sus lágrimas y avives algunas de sus sonrisas... vive con fuerza el 2015.



Mª Nieves Martínez Hidalgo
#hazloporti
En Navidad también soy como tu. 
IIIVídeo Anti-Estigma. Programa #Soycomotu
Fundación Cattell Psicólogos

lunes, 1 de diciembre de 2014

10 ORIENTACIONES BÁSICAS PARA SALIR DE LA DEPRESIÓN Y LA ANSIEDAD


cuida tu salud mental #hazloporti
Respira, descansa, cuídate, #hazloporti
Mª Nieves Martínez Hidalgo
Psicóloga Clínica
Psicoterapeuta













Aprender a querernos, aprender a cuidarnos y no sólo  físicamente, sino también a nivel mental es una meta que conviene tener presente a diario. El ritmo que nos marca esta sociedad en la que vivimos nos sumerge en un estrés continuo que puede conducirnos a la depresión o a elevados niveles de  ansiedad.  Estas son diez orientaciones básicas a tener en cuenta para salir de estados depresivos o ansiosos. Sin embargo, y sin lugar a dudas, si uno se encuentra mal, un primer paso, antes de que la situación pueda complicarse más, es visitar al médico de familia o al psicólogo clínico que te podrán orientar sobre las medidas a tomar.


10 ORIENTACIONES BÁSICAS PARA SALIR DE LA DEPRESIÓN Y LA ANSIEDAD
  1. Supera el miedo a tomar decisiones. 
  2. Asume el riesgo de cometer errores. 
  3. Coge y sujeta con fuerza las riendas de tu vida. Acepta que eres la única persona realmente responsable de tu vida.
  4. Coopera con los demás, pero sin establecer relaciones tóxicas de dependencia. En las relaciones surgen conflictos, resuelve tus problemas con las personas implicadas, no con terceros.
  5. Deja atrás el victimismo. Si hay salidas, si hay soluciones. Abandona esa actitud "quejica". Quejarse de forma continua, es una actitud auto-destructiva que te ata al pasado y te impide crecer.
  6. Practica la asertividad. Afírmate, opina, expresa lo que sientes, di no cuando quieras o tengas que decirlo, aunque los demás no te aprueben o apoyen en tu decisión.
  7. Intenta no caer en la hiperreflexión. A veces, dar tantas vueltas a los mismos problemas, nos      impide ver las salidas. Mira al frente, hacia el horizonte. Todo pasa; las circunstancias adversas no permanecen toda la vida.
  8. Analiza qué es lo que verdaderamente te preocupa, te hace infeliz o te genera ansiedad y ponle remedio. 'Coge el toro por los cuernos'.
  9. Cambia de perspectiva para encontrar soluciones o salidas a tus problemas. Súbete a una silla, o descansa sobre una alfombra, mira hacia arriba, hacia abajo, hacia los lados, respira, canta o baila. Acostúmbrate a ver las cosas desde diferentes ángulos. No es lo mismo ver la letra 'eme' así: M, que dándole la vuelta: W. 
  10. Vuela con el miedo, la libertad y la responsabilidad propias de un buen piloto. ¡Feliz vuelo!

#hazloporti


jueves, 27 de noviembre de 2014

LA CLAVE DE LA FELICIDAD. ACEPTACIÓN Y COMPROMISO CON UNO MISMO.

la clave de la felicidad, aceptación y compromiso con uno mismo
La fuerza del Yo
Mª Nieves Martínez Hidalgo
Psicóloga Clínica
Psicoterapeuta





"Si no lo subes a un pedestal,
 evitarás verle caer."






A veces, idealizamos en exceso a las personas que conocemos, las encumbramos en lo alto, para después, al irles conociendo y descubrir que tienen fallos y limitaciones, dejarles caer y sufrir con ello una gran decepción o desilusión. 



En realidad, las personas somos débiles por naturaleza, tenemos miedos e inseguridades, nos obsesionamos con temas que, en muchos casos no tienen gran importancia, a la larga, ni para nosotros mismos. Todos tenemos grandes capacidades y algunas discapacidades. Y a todos nos agrada ser aceptados o valorados por los demás, pero realmente, ¿Dónde radica el éxito? ¿Dónde se halla el secreto de la 'felicidad'? ¿Consiste el éxito en que los demás nos valoren? ¿Y la felicidad, también depende de la valoración externa?



En mi experiencia como psicóloga clínica y como psicoterapeuta desde hace más de 30 años, he tratado con personas de gran éxito profesional, familiar y social, que no son felices, ni encuentran armonía en sus vidas, porque ellos mismos no se aprecian, no se gustan, no se valoran de forma positiva.

El secreto de esa felicidad, de esa paz o sensación de armonía interior hay que buscarla y trabajarla desde el interior de uno mismo. Si tus valores internos coinciden con la faceta externa de tu personalidad, con tus comportamientos y actitudes, si tienes palabra contigo mismo, si te cuidas, si te respetas, si te sonríes frente al espejo diciéndote ¡Sí, puedo! ante cualquiera de los múltiples obstáculos que te vas a encontrar a lo largo de tu vida, si utilizas tu sentido del humor y tu inteligencia para imaginar y soñar con metas, para planificarlas y desarrollar en la realidad, los pasos necesarios para lograr esas metas, estarás muy cerca de esa cumbre a la que has subido a tantas personas y que tú nunca pensaste fueses capaz de alcanzar.




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#hazloporti

viernes, 14 de noviembre de 2014

PADRES E HIJOS ¿CUÁNDO EL NIDO ESTÁ ROTO, ES POSIBLE SU REPARACIÓN?

apego saludable, lazos afectivos en la infancia
El apego, ese lazo invisible que nos une.
Dra. Mª Nieves Martínez-Hidalgo
Psicóloga Clínica
Psicoterapeuta


















Dicen las estadísticas que, a día de hoy, el número de niños y niñas diagnóticados con Déficit de Atención e Hiperactividad ha aumentado de forma alarmante. Hay voces críticas que defienden que la justificación de la progresión ascendente de esta nueva etiqueta diagnóstica proviene de un 'invento' de las empresas farmaceúticas que ven multiplicados, con gran entusiasmo, sus altos beneficios económicos. Sin embargo, padres, profesores, psicólogos y psiquiatras aportan testimonios de la existencia de este cuadro clínico.

Si uno se detiene a reflexionar sobre el tema, cabe preguntarse acerca del porqué de este aumento en el nivel de excitabilidad y de dispersión de la atención en los alumnos del siglo XXI. Y podría contestarse que, casi con toda seguridad, el origen de esta moderna patología se halla, fundamentalmente, en factores sociales y familiares.

Por un lado, vivimos en una sociedad que nos impone un ritmo de vida vertiginoso y estresante, basado en el trabajo, éxito socio-laboral y el enriquecimiento económico, como metas supremas. Se ha sobrevalorado el TENER por encima del SER. Ya no importa el desarrollo de la persona en completud, sólo importa el desarrollo de la persona en el ámbito de la formación profesional, su preparación maratoniana de cara a la ejecución de un plan de vida basado de forma exclusiva en los logros económicos.

'Hijo, si no estudias, o si no eliges los estudios que tienen más salida profesional, no tendrás donde caerte muerto, acabarás debajo de un puente, no tendrás trabajo, no podrás comprar una casa, un coche, no podrás formar una familia. Tus hermanos o tus amigos llegarán lejos y tú te arrepentirás y sentirás envidia de todo lo que ellos hayan logrado.' 

-Esta sentencia se repite como un eco en la cabeza de nuestros hijos y les domina en su toma de decisiones respecto a su futuro. Les dificulta obrar en libertad. Les conduce por caminos que les generan vacío, falta de sentido, infelicidad, desasosiego, angustia.



Foto de Marta Everest
Contar con juguetes, calefacción y hamburguesas no nos hace
crecer más felices. Es el amor el que facilita la armonía.


Por otro lado, este afán del tener por encima del ser, afecta a esos padres y madres que deben trabajar tantas horas al día para conseguir dar de comer a sus hijos, para pagar el alquiler y dormir bajo techo, o para conseguir ese coche o esas 'maravillosas' vacaciones de cuatro o cinco días, que cuando llegan a casa, se hallan extenuados, agotados, con cero energía para dedicar esa atención adecuada, cálida, cordial, que necesitan sus hijos.

En numerosas ocasiones, son las tensiones ocasionadas por esta confusión de valores lo que desemboca en la construcción de un nido, frágil o con espinas, en el que el desarrollo evolutivo de los niños se hace difícil. En otras ocasiones, el nido se rompe por problemas de personalidad de los padres, por la falta de estabilidad emocional, por el abandono y/o maltrato de los hijos.

Cuando el nido está roto, ¿Cómo mantener la atención? ¿Cómo estar atento y centrado? ¿Cómo sentirte tranquilo y seguro para aprender a caminar por la vida cuando ese núcleo en el que habitas está deteriorado? ¿Cómo conseguir crecer en autonomía y libertad cuando no tienes referentes que te aporten seguridad? ¿Cómo hacerlo, cuando careces de esa paz que te hace avanzar sin miedo, que te lleva de la mano enlazado a ese cordón invisible que te permite alejarte del hogar, sabiendo que cuando vuelvas tus padres estarán dónde y cómo les dejaste?



foto de Francesc Catalá Roca, 1955
A veces, los niños no sufren por la falta de recursos económicos
sino por la ausencia de amor.

Cuando el nido está roto, el niño se instala en un estado de alerta permanente, tiene que estar atento a todo, carece de la seguridad y la tranquilidad necesarias para poder aprender y crecer con naturalidad. Se siente continuamente preocupado por evitar el rechazo de los que le rodean, preocupado por evitar que sus cuidadores se enfaden, por evitar, en definitiva, el temido abandono. 'Seré bueno, te lo prometo' -Es una frase que los niños de hogares fríos o punitivos suelen repetir a sus padres o cuidadores, e incluso se dicen a sí mismos, cuando han sido castigados.

Es importante y vital para el desarrollo madurativo de la persona contar con el apoyo del núcleo familiar, con el cariño, el respeto, la libertad y el amor de los padres. Si el niño percibe las fisuras de los pilares de su hogar, siente ansiedad, surge el estrés, su atención se dispersa, no puede concentrarse, le resulta difícil focalizar la mente en una tarea concreta, porque tiene que 'vigilar', 'estar prevenido, al acecho de posibles peligros'. Es el sistema nervioso simpático el que se estimula y predomina en situaciones de estrés, preparando al organismo para dar respuesta a situaciones de emergencia.

El niño que proviene de un hogar carente de amor, se encuentra solo como el cervatillo en mitad del bosque y, sabiéndose presa fácil, se siente asustado, desorientado y confuso ante el posible ataque de un depredador. Esta tensión llevada al extremo, puede conducir a una pérdida del contacto con la realidad, en el sentido de que el niño se evade del aquí y el ahora, refugiándose en un mundo de ensueño, mezcla de cuento y fantasía, cobijo en el que puede guarecerse hasta adentrada la madurez.



foto de milinko stefanovic
Cuando todo parece estar perdido, el calor de un amigo
te acompaña y te permite renovar las fuerzas e ilusiones.


Cuando se produce una ruptura en los lazos afectivos padres-hijos, los niños sufren un trauma que tendrá consecuencias de por vida. Sólo el amor, la persistencia, la voluntad, la paciencia y la tolerancia podrán aliviar el daño ocasionado. La resiliencia será esa capacidad del niño de resistencia, de fortaleza, junto con los factores resilientes del entorno y de las personas y circunstancias en las que se encuentren. Si esos niños cuentan con unos padres o madres adoptivas o personas que lleven a cabo esa función paterna o materna, que les apoyan, que les comprenden y saben ponerse en su lugar, en ese lugar tan terrible como el de ser abandonado por los que te engendraron y te trajeron al mundo, podrá repararse ese trauma y establecer nuevos lazos afectivos, nuevos horizontes que les permitan mirar hacia el futuro, crecer de forma saludable tanto física como psicológicamente.

jueves, 30 de octubre de 2014

EL SÍNDROME DE LA CAMPANA DE SCHILLER

Modela con tus manos la esencia de tu ser

Dr. Juan José Regadera
Psicólogo Clínico
Psicoterapeuta





'Donde gobiernan fuerzas primitivas, 
ninguna forma puede estructurarse'
                                                 Friedrich Schiller








De la lectura sencilla, entrañable, del texto de mi colega Dra. Mª Nieves Martínez-Hidalgo: “Yo también he ido al psicólogo”, destacaría, el insufrible ejemplo del “dolor de muelas” que con sutileza metafórica invita a imaginar.

El ejemplo trae a mi mente una frase que bien podía servir como eslogan publicitario del espíritu de nuestra época, menos “romántica” que otras, por supuesto, pero que deja entrever el espíritu de un determinado pueblo, a modo de “dolor de muelas universal”, y que, en mi opinión, representa un momento fundamental en el proceso histórico en el que nos encontramos y que sólo unos pocos aventajados han conseguido esquivar. 

Donde gobiernan fuerzas primitivas,ninguna forma puede estructurarse (WoroheKräftesinnloswalten, da kannsichkeinGebildgestalten), son versos que he tomado prestados del poema “Canción de la campana” de Friedrich Schiller escrito en 1800. En él, Schiller describe, con notable valor y elogio popular, la fundición de una campana en una serie de imágenes y proverbios alusivos al paso por la vida de un ser humano, tanto en los momentos felices como en los desafortunados.

Lejos de resonancias religiosas y místicas, el sonido de la campana representa, al menos para mi, una reflexión moral y estética. Su sonido rítmico envuelve el contexto individual y colectivo sin sacrificarlo, merced a una estética sensible que llega a culminar en la armonía de la persona con su semejante. Del mismo modo, el psicólogo ayuda a encontrar la belleza interior, el sonido peculiar que reposa lejos del exterior. Si aplicamos fielmente la tesis del poema de la campana de Schiller, lo que era deforme en la vida de cada uno de nosotros, antes de la visita al psicólogo, puede ir trabajosamente restaurándose como si se tratara de una fundición que da forma a la campana de nuestra mente, hasta alcanzar un sentimiento de salud y belleza. Lo que parecía imposible ha podido de nuevo estructurarse. 

Los sonidos disarmónicos de nuestra vida pueden, una vez fundidos entre las palabras que surgen del encuentro terapéutico, restaurarse hasta conseguir la paz y la tranquilidad anhelada a nuestra sensible estética personal. 

Tanto para Goethe, contemporáneo de Schiller, como para Unamuno, como para cualquier amante de la psicología tanto si la practica como si la recibe, la voluntad es, o debería ser, la principal función que mueva la campana. Aquella que envuelve y constituye el meollo de nuestra vida. Incumbe a la voluntad y sus sonidos, realizar el propio ideal, es decir, ser la persona que deseamos ser, cumplir con nuestro propio papel que solo en las honduras de nuestro interior mora, más allá de las fuerzas primitivas que gobiernan nuestra razón, y que como forma estampada de nuestro ser se desenvuelve: viviendo, haciendo, estando aquí y ahora, estética y éticamente.

Nota: 'El síndrome de la campana de Schiller', hasta donde sabemos se utiliza con este sentido por primera vez en el presente artículo. No es un síndrome como tal, tan sólo una metáfora. 

#hazloporti


domingo, 26 de octubre de 2014

YO TAMBIÉN HE IDO AL PSICÓLOGO

Normalicemos la asistencia al psicólogo
Yo también he ido al psicólogo y fue una experiencia
altamente gratificante
Dra. Mª Nieves Martínez-Hidalgo
Psicóloga Clínica 
Psicoterapeuta















Yo también he ido al psicólogo. 

Ésta podría ser una buena frase para comenzar una campaña de sensibilización hacia los problemas de salud mental y el papel del psicólogo clínico en ellos.
¿Qué motivaciones se esconden tras ese estigma que aísla y discrimina a las personas que presentan problemas mentales o psicológicos? ¿El miedo a lo desconocido? ¿El miedo al contagio? ¿El miedo a ser conscientes-espectadores de una de las facetas de la naturaleza humana que más nos atraen y al mismo tiempo más nos inquietan? ¿Por qué las películas en las que aparecen personas con problemas psicológicos resultan tan taquilleras? ¿Cómo es que son tan visitadas las páginas web o los blogs que abordan temas emocionales o mentales? ¿Quién no ha realizado alguno de esos tests que se muestran en las revistas acerca de tus características de personalidad, o consultado la planilla semanal de los horóscopos que nos adivinan cómo somos y cuál es nuestro porvenir?

Realmente, sentimos, y es humano sentir, esta urgencia por conocernos, por descubrir cómo es que actuamos o pensamos de tal o cual manera ante una determinada situación o conflicto.
El conocimiento, el saber sobre lo desconocido es una necesidad de supervivencia, sin embargo, en amplia mayoría, solemos evitar reconocer dicha necesidad, ocultamos nuestro interés por aprender sobre nosotros, sobre lo que nos sucede cuando atravesamos una crisis personal; parece que si lo expresamos abiertamente, los demás nos pueden rechazar por albergar miedos o inseguridades,  por ser personas débiles, flojas e inmaduras.

Cuando una persona se decide a consultar a un psicólogo, casi con toda seguridad, ya habrá intentado solucionar sus problemas psicológicos por sí misma. Esto responde a una característica de autosuficiencia, que puede ser positiva y muy constructiva en determinadas circunstancias, pero no en otras. Por ejemplo, si en el momento en que comenzara a dolernos una muela no fuésemos al dentista y, en su lugar, intentásemos solucionar el dolor por nosotros mismos durante un largo período de tiempo, es muy probable que la infección bucal o la caries se hubiera extendido de tal modo que cuando llegásemos a la consulta, al especialista no le quedaría más salida que extraer la muela de raíz.

A nivel psicológico, sucede lo mismo. Al no reconocer la importancia que tiene el cuidado de la salud mental, la persona que atraviesa una difícil situación, piensa que debe solucionarlo sin pedir ayuda al especialista, ya que existe la creencia de que es algo que cualquiera con inteligencia y madurez puede resolver por sí mismo. Con esta actitud, se da lugar a un empeoramiento de los síntomas (ansiedad, depresión, ideas obsesivas, sueño, alimentación, fobias, inestabilidad emocional, baja autoestima) y a un alto nivel de sufrimiento.




Durante una temporada tuve que ir al psicólogo y resultó una experiencia altamente gratificante. A todos nos puede pasar; de hecho, una de cada cuatro personas presenta un problema de salud mental a lo largo de su vida. En cualquier momento de nuestra vida, pueden surgir conflictos personales, familiares, de pareja, laborales, en la relación con los hijos, con los padres, con los amigos, para los que podemos requerir la ayuda de un psicólogo especialista en psicología clínica. Su formación profesional le permite orientar y estimular esos factores de resiliencia, de sabiduría emocional que todos llevamos en mayor o menor grado en nuestro interior.



Solicitar ayuda al psicólogo es un acto de valentía, inteligencia y madurez personal. Reconocer nuestras debilidades es una muestra de fortaleza y seguridad personal. Aunque, a simple vista, pueda resultar paradójico, esto es así: la persona que se encierra en sí misma y sus sentimientos de orgullo le impiden buscar externamente una solución a sus problemas mentales, pone de manifiesto un nivel de inseguridad y de inmadurez mucho mayor que aquella que si lo hace. 

Hablar de la existencia de preocupaciones, temores, o conflictos emocionales con la familia, con los amigos, con esas personas de confianza con las que uno se relaciona es muy positivo, pero si esto no es suficiente, el siguiente paso será pedir cita con un o una psicólogo/a clínico/a que te orientará y te ayudará a recuperar la confianza en ti mismo, en los demás, en tu futuro; que te mostrará otras perspectivas de tu realidad, de tus vivencias; con el que crecerás, ampliarás tus miras, tus metas y tus sentimientos de seguridad, armonía y felicidad;  con  el que aprenderás a respetarte, a decir ¡No!, a cuidarte, a quererte; con el que mejorarás tus herramientas a la hora de comunicarte con los demás; aprenderás a concentrarte en tus objetivos, a manifestar el afecto a los que te quieren y tu quieres; a defenderte de un trato injusto, ofensivo o abusivo; a ser independiente a nivel emocional y no entrar en tóxicos juegos de chantaje emocional; aprenderás a vivir con mayor autenticidad.



#Hazloporti

domingo, 19 de octubre de 2014

EL VALOR DE LA PALABRA DADA


Dr.Juan José Regadera        
Psicólogo Clínico
Psicoterapeuta
















Excelente reflexión en torno al miedo y a la responsabilidad por parte de mi estimada colega Mª Nieves Martínez Hidalgo.

De su trabajo destacaría el concepto de "la Palabra dada". Desde mi punto de vista, considero que "la Palabra dada" es, en sí, un modo de solución a un problema, el de asumir obligaciones, en el que la persona puede llegar a encontrarse, en un sentido general, "inactiva". 

La Palabra, del latín "verbum" y del griego "logos", etimológicamente significa, tanto la Palabra externa o proferida (dada o pronunciada), como la interna o concepto de la mente. 

En el primer sentido, como Palabra dada, la palabra expresa la idea que trasmitimos a otros. En el segundo sentido, como palabra interna de la mente, la palabra es elaborada por el contacto de la realidad con el entendimiento, o razón, y en este sentido, ante una obligación o deber no podemos evitar tener que llevarla a cabo. La Palabra dada a otro/a persona puede representar la acción que necesitamos para ponernos "manos a la obra" y llevar a cabo aquello que nuestro entendimiento o razón considere que es necesario hacer.




la fuerza de la palabra dada
La fuerza da la palabra,  también en soledad


La anterior reflexión está basada en la raíz etimológica griega "Logos" que, traducido al castellano como Verbo o Palabra en su aspecto interno, constituye el despliegue de lo que podríamos considerar "el principio de la acción" como solución a la inacción, falta de actividad o parálisis de lo corporal. De ahí, las expresiones coloquiales: "dices que lo vas a hacer, pero no haces nada", "te muestras pasivo", "si ya sé, lo piensas... pero no lo haces".

Si consideramos "la Palabra dada", en su aspecto externo, como principio rector de la acción, con ella nos manifestamos al mundo, con ella y mediante ella, creamos cosas, aunque solo sea como imitación de lo que vemos en otros. Con "la Palabra dada" participamos en el mundo, con "la Palabra como acción", nos valoramos, nos dignificamos y respetamos. 

Para entender lo anterior y su importancia, hay que recordar, que todas las cosas, tanto las que conocemos como las que aún no son porque están en la mente de sus creadores, han sido o serán hechas a través de la Palabra. Sin la Palabra nada sería o podría ser hecho de cuanto ha sido realizado. Es decir, todo lo que conocemos tiene su subsistencia en la Palabra. En el momento en que la palabra apareció en el mundo, el mundo cambió. 

Además de esta manifestación de la Palabra como creación, hay otra manifestación, para mí la más importante, "la Palabra dada por mí", pues me ayuda a convivir y habitar con los demás, me da seguridad ante los otros, me aporta verdad, me ayuda a transmitir honradez y sinceridad. Con la Palabra, soy, existo, estoy aquí, soy quien soy, no éste o aquel o el de más allá. Estoy. Me revelo, me muestro ante ti. Vislumbro mi proyecto personal anticipando mi intención de obrar para llegar a ser.

El mundo, nuestro mundo, ha sido creado "por" "la Palabra", no simplemente "con" palabras. No todas las Palabras dadas lo son idéntica y unívocamente para hacer, crear o ser, aunque algo en común o análogo haya en ellas, puesto que son designadas con la misma expresión, esto es, con la intención de provocar algo.

Para mí, el poder de "la palabra dada" está recogido en la propia acción y la revelación que representa. Cuando doy mi Palabra no estoy indicando un dicho, sino que anticipo una hazaña, transmito aquello que aún no es pero que está por venir. ¿Acaso, no es natural, que pronunciarla me de miedo y coarte mi libertad? ¿Qué problema hay realmente en intentarlo? 

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