jueves, 30 de octubre de 2014

EL SÍNDROME DE LA CAMPANA DE SCHILLER

Modela con tus manos la esencia de tu ser

Dr. Juan José Regadera
Psicólogo Clínico
Psicoterapeuta





'Donde gobiernan fuerzas primitivas, 
ninguna forma puede estructurarse'
                                                 Friedrich Schiller








De la lectura sencilla, entrañable, del texto de mi colega Dra. Mª Nieves Martínez-Hidalgo: “Yo también he ido al psicólogo”, destacaría, el insufrible ejemplo del “dolor de muelas” que con sutileza metafórica invita a imaginar.

El ejemplo trae a mi mente una frase que bien podía servir como eslogan publicitario del espíritu de nuestra época, menos “romántica” que otras, por supuesto, pero que deja entrever el espíritu de un determinado pueblo, a modo de “dolor de muelas universal”, y que, en mi opinión, representa un momento fundamental en el proceso histórico en el que nos encontramos y que sólo unos pocos aventajados han conseguido esquivar. 

Donde gobiernan fuerzas primitivas,ninguna forma puede estructurarse (WoroheKräftesinnloswalten, da kannsichkeinGebildgestalten), son versos que he tomado prestados del poema “Canción de la campana” de Friedrich Schiller escrito en 1800. En él, Schiller describe, con notable valor y elogio popular, la fundición de una campana en una serie de imágenes y proverbios alusivos al paso por la vida de un ser humano, tanto en los momentos felices como en los desafortunados.

Lejos de resonancias religiosas y místicas, el sonido de la campana representa, al menos para mi, una reflexión moral y estética. Su sonido rítmico envuelve el contexto individual y colectivo sin sacrificarlo, merced a una estética sensible que llega a culminar en la armonía de la persona con su semejante. Del mismo modo, el psicólogo ayuda a encontrar la belleza interior, el sonido peculiar que reposa lejos del exterior. Si aplicamos fielmente la tesis del poema de la campana de Schiller, lo que era deforme en la vida de cada uno de nosotros, antes de la visita al psicólogo, puede ir trabajosamente restaurándose como si se tratara de una fundición que da forma a la campana de nuestra mente, hasta alcanzar un sentimiento de salud y belleza. Lo que parecía imposible ha podido de nuevo estructurarse. 

Los sonidos disarmónicos de nuestra vida pueden, una vez fundidos entre las palabras que surgen del encuentro terapéutico, restaurarse hasta conseguir la paz y la tranquilidad anhelada a nuestra sensible estética personal. 

Tanto para Goethe, contemporáneo de Schiller, como para Unamuno, como para cualquier amante de la psicología tanto si la practica como si la recibe, la voluntad es, o debería ser, la principal función que mueva la campana. Aquella que envuelve y constituye el meollo de nuestra vida. Incumbe a la voluntad y sus sonidos, realizar el propio ideal, es decir, ser la persona que deseamos ser, cumplir con nuestro propio papel que solo en las honduras de nuestro interior mora, más allá de las fuerzas primitivas que gobiernan nuestra razón, y que como forma estampada de nuestro ser se desenvuelve: viviendo, haciendo, estando aquí y ahora, estética y éticamente.

Nota: 'El síndrome de la campana de Schiller', hasta donde sabemos se utiliza con este sentido por primera vez en el presente artículo. No es un síndrome como tal, tan sólo una metáfora. 

#hazloporti


domingo, 26 de octubre de 2014

YO TAMBIÉN HE IDO AL PSICÓLOGO

Normalicemos la asistencia al psicólogo
Yo también he ido al psicólogo y fue una experiencia
altamente gratificante
Dra. Mª Nieves Martínez-Hidalgo
Psicóloga Clínica 
Psicoterapeuta















Yo también he ido al psicólogo. 

Ésta podría ser una buena frase para comenzar una campaña de sensibilización hacia los problemas de salud mental y el papel del psicólogo clínico en ellos.
¿Qué motivaciones se esconden tras ese estigma que aísla y discrimina a las personas que presentan problemas mentales o psicológicos? ¿El miedo a lo desconocido? ¿El miedo al contagio? ¿El miedo a ser conscientes-espectadores de una de las facetas de la naturaleza humana que más nos atraen y al mismo tiempo más nos inquietan? ¿Por qué las películas en las que aparecen personas con problemas psicológicos resultan tan taquilleras? ¿Cómo es que son tan visitadas las páginas web o los blogs que abordan temas emocionales o mentales? ¿Quién no ha realizado alguno de esos tests que se muestran en las revistas acerca de tus características de personalidad, o consultado la planilla semanal de los horóscopos que nos adivinan cómo somos y cuál es nuestro porvenir?

Realmente, sentimos, y es humano sentir, esta urgencia por conocernos, por descubrir cómo es que actuamos o pensamos de tal o cual manera ante una determinada situación o conflicto.
El conocimiento, el saber sobre lo desconocido es una necesidad de supervivencia, sin embargo, en amplia mayoría, solemos evitar reconocer dicha necesidad, ocultamos nuestro interés por aprender sobre nosotros, sobre lo que nos sucede cuando atravesamos una crisis personal; parece que si lo expresamos abiertamente, los demás nos pueden rechazar por albergar miedos o inseguridades,  por ser personas débiles, flojas e inmaduras.

Cuando una persona se decide a consultar a un psicólogo, casi con toda seguridad, ya habrá intentado solucionar sus problemas psicológicos por sí misma. Esto responde a una característica de autosuficiencia, que puede ser positiva y muy constructiva en determinadas circunstancias, pero no en otras. Por ejemplo, si en el momento en que comenzara a dolernos una muela no fuésemos al dentista y, en su lugar, intentásemos solucionar el dolor por nosotros mismos durante un largo período de tiempo, es muy probable que la infección bucal o la caries se hubiera extendido de tal modo que cuando llegásemos a la consulta, al especialista no le quedaría más salida que extraer la muela de raíz.

A nivel psicológico, sucede lo mismo. Al no reconocer la importancia que tiene el cuidado de la salud mental, la persona que atraviesa una difícil situación, piensa que debe solucionarlo sin pedir ayuda al especialista, ya que existe la creencia de que es algo que cualquiera con inteligencia y madurez puede resolver por sí mismo. Con esta actitud, se da lugar a un empeoramiento de los síntomas (ansiedad, depresión, ideas obsesivas, sueño, alimentación, fobias, inestabilidad emocional, baja autoestima) y a un alto nivel de sufrimiento.




Durante una temporada tuve que ir al psicólogo y resultó una experiencia altamente gratificante. A todos nos puede pasar; de hecho, una de cada cuatro personas presenta un problema de salud mental a lo largo de su vida. En cualquier momento de nuestra vida, pueden surgir conflictos personales, familiares, de pareja, laborales, en la relación con los hijos, con los padres, con los amigos, para los que podemos requerir la ayuda de un psicólogo especialista en psicología clínica. Su formación profesional le permite orientar y estimular esos factores de resiliencia, de sabiduría emocional que todos llevamos en mayor o menor grado en nuestro interior.



Solicitar ayuda al psicólogo es un acto de valentía, inteligencia y madurez personal. Reconocer nuestras debilidades es una muestra de fortaleza y seguridad personal. Aunque, a simple vista, pueda resultar paradójico, esto es así: la persona que se encierra en sí misma y sus sentimientos de orgullo le impiden buscar externamente una solución a sus problemas mentales, pone de manifiesto un nivel de inseguridad y de inmadurez mucho mayor que aquella que si lo hace. 

Hablar de la existencia de preocupaciones, temores, o conflictos emocionales con la familia, con los amigos, con esas personas de confianza con las que uno se relaciona es muy positivo, pero si esto no es suficiente, el siguiente paso será pedir cita con un o una psicólogo/a clínico/a que te orientará y te ayudará a recuperar la confianza en ti mismo, en los demás, en tu futuro; que te mostrará otras perspectivas de tu realidad, de tus vivencias; con el que crecerás, ampliarás tus miras, tus metas y tus sentimientos de seguridad, armonía y felicidad;  con  el que aprenderás a respetarte, a decir ¡No!, a cuidarte, a quererte; con el que mejorarás tus herramientas a la hora de comunicarte con los demás; aprenderás a concentrarte en tus objetivos, a manifestar el afecto a los que te quieren y tu quieres; a defenderte de un trato injusto, ofensivo o abusivo; a ser independiente a nivel emocional y no entrar en tóxicos juegos de chantaje emocional; aprenderás a vivir con mayor autenticidad.



#Hazloporti

domingo, 19 de octubre de 2014

EL VALOR DE LA PALABRA DADA


Dr.Juan José Regadera        
Psicólogo Clínico
Psicoterapeuta
















Excelente reflexión en torno al miedo y a la responsabilidad por parte de mi estimada colega Mª Nieves Martínez Hidalgo.

De su trabajo destacaría el concepto de "la Palabra dada". Desde mi punto de vista, considero que "la Palabra dada" es, en sí, un modo de solución a un problema, el de asumir obligaciones, en el que la persona puede llegar a encontrarse, en un sentido general, "inactiva". 

La Palabra, del latín "verbum" y del griego "logos", etimológicamente significa, tanto la Palabra externa o proferida (dada o pronunciada), como la interna o concepto de la mente. 

En el primer sentido, como Palabra dada, la palabra expresa la idea que trasmitimos a otros. En el segundo sentido, como palabra interna de la mente, la palabra es elaborada por el contacto de la realidad con el entendimiento, o razón, y en este sentido, ante una obligación o deber no podemos evitar tener que llevarla a cabo. La Palabra dada a otro/a persona puede representar la acción que necesitamos para ponernos "manos a la obra" y llevar a cabo aquello que nuestro entendimiento o razón considere que es necesario hacer.




la fuerza de la palabra dada
La fuerza da la palabra,  también en soledad


La anterior reflexión está basada en la raíz etimológica griega "Logos" que, traducido al castellano como Verbo o Palabra en su aspecto interno, constituye el despliegue de lo que podríamos considerar "el principio de la acción" como solución a la inacción, falta de actividad o parálisis de lo corporal. De ahí, las expresiones coloquiales: "dices que lo vas a hacer, pero no haces nada", "te muestras pasivo", "si ya sé, lo piensas... pero no lo haces".

Si consideramos "la Palabra dada", en su aspecto externo, como principio rector de la acción, con ella nos manifestamos al mundo, con ella y mediante ella, creamos cosas, aunque solo sea como imitación de lo que vemos en otros. Con "la Palabra dada" participamos en el mundo, con "la Palabra como acción", nos valoramos, nos dignificamos y respetamos. 

Para entender lo anterior y su importancia, hay que recordar, que todas las cosas, tanto las que conocemos como las que aún no son porque están en la mente de sus creadores, han sido o serán hechas a través de la Palabra. Sin la Palabra nada sería o podría ser hecho de cuanto ha sido realizado. Es decir, todo lo que conocemos tiene su subsistencia en la Palabra. En el momento en que la palabra apareció en el mundo, el mundo cambió. 

Además de esta manifestación de la Palabra como creación, hay otra manifestación, para mí la más importante, "la Palabra dada por mí", pues me ayuda a convivir y habitar con los demás, me da seguridad ante los otros, me aporta verdad, me ayuda a transmitir honradez y sinceridad. Con la Palabra, soy, existo, estoy aquí, soy quien soy, no éste o aquel o el de más allá. Estoy. Me revelo, me muestro ante ti. Vislumbro mi proyecto personal anticipando mi intención de obrar para llegar a ser.

El mundo, nuestro mundo, ha sido creado "por" "la Palabra", no simplemente "con" palabras. No todas las Palabras dadas lo son idéntica y unívocamente para hacer, crear o ser, aunque algo en común o análogo haya en ellas, puesto que son designadas con la misma expresión, esto es, con la intención de provocar algo.

Para mí, el poder de "la palabra dada" está recogido en la propia acción y la revelación que representa. Cuando doy mi Palabra no estoy indicando un dicho, sino que anticipo una hazaña, transmito aquello que aún no es pero que está por venir. ¿Acaso, no es natural, que pronunciarla me de miedo y coarte mi libertad? ¿Qué problema hay realmente en intentarlo? 

Leer+:
http://cattell-psicologos.blogspot.com.es/2014/10/como-superar-el-miedo-la-responsabilidad.html

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 #Hazloporti



sábado, 18 de octubre de 2014

CÓMO SUPERAR EL MIEDO A LA RESPONSABILIDAD

Mª Nieves Martínez Hidalgo
Psicóloga Clínica
Psicoterapeuta













Aún recuerdo aquel día en el que, con tan solo cuatro o cinco años, tuve que salir a la calle para avisar a una vecina. El menor de mis tres hermanos pequeños se había hecho caca en el pañal, lloraba y yo no sabía cómo calmarlo. Mis padres me dejaron al cargo de ellos por ser la mayor. Casi con toda seguridad, su salida de casa fue fruto de una emergencia.

Son muchos los padres que llevan a sus hijos a asumir responsabilidades para las que todavía no se hallan preparados. Los primogénitos suelen ocupar ese puesto de 'honor', por el cuál luego sus hermanos les envidian y rivalizan con ellos. Ese supuesto honor es unas veces, un dulce peligroso, otras, una imposición forzada. 

En función de sus características de personalidad y de los lazos afectivos establecidos con los padres en la infancia, ese niño crecerá siguiendo un proceso de madurez emocional que le conducirá a ser totalmente responsable, a coger las riendas de su vida de modo totalmente consciente.

Son muchas las personas que tras haber vivido una infancia en la que la asunción de responsabilidades que no se corresponden con su nivel de desarrollo, ni con su edad, al llegar a la juventud sienten un temor persistente e irracional a la responsabilidad y al compromiso.
Se dicen a sí mismos que ya han hecho suficiente, que ahora se merecen descansar, relajarse, desconectar de esa tensión que genera el tener que estar atentos para resolver problemas o llevar a cabo tareas para las que uno no se encuentra preparado. En su maleta, han acumulado durante los largos años de infancia y adolescencia, kilogramos de tensión, de nerviosismo, de inseguridad e incertidumbre al tener que realizar a ciegas ocupaciones de las que se deberían haber hecho cargo los adultos.

¿Cómo superar ese miedo a la responsabilidad?

Creer en uno, confiar en que podrás salir adelante con esfuerzo, con voluntad, te permitirá pronunciarte, dar tu palabra, comprometerte. Mostrando respeto a la palabra dada, por ti y por los demás. Siendo asertivo, afirmándote en cada paso que das.
La palabra es el principio, la palabra es lo que nos hace personas.
La palabra es tu ser y tu ser, tu dignidad. Si te respetas, podrás asumir responsabilidades, ganarás en tu sentimiento de seguridad personal y podrás comprometerte contigo y con las personas con las que te relacionas, ya sea en el ámbito de la familia, de la amistad o del trabajo.


#hazloporti