domingo, 14 de junio de 2015

Adicta a la tristeza: ¿Una nueva categoría diagnóstica?

Mª Nieves Martínez Hidalgo
LA TRISTEZA, UNA EMOCIÓN NATURAL
A veces, la soledad nos permite conocernos mejor

Psicóloga Clínica
Psicoterapeuta













Baja autoestima, dificultad en las relaciones sociales. Sentimientos de infelicidad, vacío, cansancio. Le caracteriza una indecisión permanente. Horas y horas pensando, de forma obsesiva, los problemas girando y girando en su cabeza. Quisiera romper con todo pero no tiene fuerzas para ello. Agota a la persona que tiene cerca e intenta -sin éxito- conseguir animarla. Intensos altibajos emocionales cada vez más frecuentes. No le apetece hacer nada, no le apetece hablar con nadie. La inseguridad, el miedo a equivocarse, la anticipación del fracaso y los celos la torturan. Ha perdido la confianza en ella misma. Se compara continuamente con los demás. Todos parecen ser mejores que ella en algo.

Impresión Diagnóstica: Adicta a la tristeza.

¿Por qué utilizo esta categoría diagnóstica que acabo de inventar, en lugar de utilizar los más que numerosos o innumerables términos incluidos por el cuadro de psiquiatras expertos de la Asociación Americana de Psiquiatría en el manual diagnóstico DSM-V?

Es mi opinión, y la de otros muchos profesionales de la salud, que se están sobrediagnosticando y patologizando situaciones y circunstancias vitales que son propias de la vida desarrollada en una sociedad tan 'inhumana' y hostil con el propio ser humano como la actual. En la actual barbarie se propician las situaciones de alienación personal y de aislamiento, con el consiguiente debilitamiento de las personas

Invento una nueva categoría diagnóstica, para resaltar el hecho de que los problemas descritos más arriba, esos sentimientos, ese dolor, esa falta de vitalidad, está presente en la gran mayoría de nosotros, al menos, en alguna etapa de nuestra vida. Son problemas comunes que, originados en el seno de una sociedad consumista, agresiva y desequilibrada, en muchos sentidos, injusta y con grandes dosis de corrupción, hipocresía e individualismo, desarrollan las personas que con inteligencia y sensibilidad, ven difícil comulgar con ruedas de molino, o no logran adaptarse a este medio hostil y competitivo. 

Tanto en la infancia, como en la adolescencia, en la juventud, en la madurez o en la vejez, el ser humano sufre las consecuencias de una sociedad capitalista, materialista y utilitaria que antepone el Tener al Ser* y nos aliena, de una sociedad disfrazada de libertad que nos reprime, domina y controla, comprándonos con pequeños regalos y comodidades**. 

Pero, ante tal situación, ¿qué es lo que realmente nos mueve? Habría que reflexionar sobre ello y tratar de dilucidar a quién servimos, si de verdad queremos seguir la manada de modo inconsciente o queremos hacer un alto en la senda para preguntarnos acerca de nuestro sentido en la vida. Cuando uno no lleva las riendas de su vida, cuando uno se abandona en la comodidad, aunque sea, incluso, la comodidad del sufrimiento como algo conocido, uno se anestesia, dejar de sentir, deja de vivir.

Mas si nos planteamos romper las cadenas de la apatía, de la abulia, del derrotismo, de esa adicción a la tristeza, ¿de qué pozo energético podríamos extraer la ilusión, la vitalidad, la fuerza para seguir adelante?

Cuando lo que nos dirige e impulsa es el tener más medallas, más objetos, más posesiones, erramos el rumbo, pues al llegar a la meta, uno es consciente de que su esfuerzo no ha servido de nada: la sensación de vacío, la soledad sigue ahí dentro. Ahora bien, si buscamos en el pozo energético de la autenticidad y nos empeñamos en Ser, en desarrollarnos tal y como somos, a pesar de los contratiempos, de los posibles rechazos, a pesar del sentimiento de soledad al que habremos de enfrentarnos y acabar asumiendo como algo humano, lograremos una sensación intensa de paz, de armonía, de estar bien con uno mismo, de estar bien con los demás, de estar bien en el mundo. Ello nos permitirá comprometernos con aquello que realmente es importante y prioritario para nosotros. El saber estar y disfrutar de la soledad, el saber compartir y cooperar con los demás, practicar la humildad, la generosidad, la responsabilidad, el altruismo y la honradez pueden ser claves para romper con esa adicción a la tristeza que nos lleva al masoquismo, al victimismo, a adoptar un rol pasivo-agresivo que vuelve la hostilidad y la rabia, propias de la frustración de las metas propuestas, contra uno mismo.


*Ver Erich Fromm: "¿Tener o ser?" 
** Ver Herbert Marcuse: "El hombre unidimensional"

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#Hazloporti

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